Me disponía, como cualquier otra mañana de verano, a ubicarme en una ubicación preferente en la piscina municipal. Pasaron las horas y los huecos vacíos fueron llenados por cuerpos femeninos perfectamente esculpidos. Pero uno llamó poderosamente mi atención. A lo lejos, divisé una figura que despertó el niño que llevo dentro. Y lo que llevo dentro del bañador, también:
¡Oh! ¡Tenía ante mí la musa de mi niñez! ¡La protagonista de mis sueños más húmedos! ¡Mi fantasía se podía hacer por fin realidad!:
Abandoné rápidamente mi parapeto entre los matorrales y me encaminé hacia donde estaba ella, Pitufina. Pero a medida que me acercaba; me di cuenta que las incontables horas pasadas frente al televisor, unido al hecho de contar con diez dioptrías en cada ojo, me habían hecho distorsionar la realidad una vez más:
Resulta que era una musulmana ataviada con una extraña vestimenta. Nadie sabía qué eran esos ropajes, así que el socorrista del polideportivo exigió a la joven que mostrara a todos los vecinos la etiqueta de la prenda para comprobar si era water resistant. Estaba claro que el chico había recurrido a su reloj para comunicarse con la bañista.
Y ahí fue cuando la muchacha explotó... de rabia. Dijo que, aunque fuera “mora”, también tenía las mismas costumbres que los españoles:
No guardaba los tickets de compra durante las dos semanas que tienes derecho a reclamación y/o cambio. Así que no pudo justificar que lo suyo era un burkini.
Ante tan tensa situación, el responsable del recinto, que curiosamente se llamaba Felipe, se vio obligado a expulsar a la árabe, dejándola a medio mojar. Sí, como hacemos la mayoría de nosotros con nuestras novias/esposas una vez hemos acabado nuestra parte de la "faena"...
Y como también hacemos la mayoría de nosotros con nuestras novias/esposas, el marido de la afectada no permitió que el asunto quedara así...
Historia libremente basada en hechos reales.