Maldita sea. Pensaba que hoy iba a ser el día en el que iba a dejar de ser un loco pobre para convertirme en un excéntrico millonario. Había comprado varias participaciones y tenía el presentimiento que este año sí, que este año era el bueno. He empezado a mirar los números premiados y uno me resulta familiar: el 32365. He mirado los décimos que había comprado y... ¡sí! ¡era mío! Voy rápidamente hacia la administración, gritando a los cuatro vientos lo asquerosamente rico que era, y maldiciendo a todos esos pobres que me miraban con justificada envidia y...
...Entonces pasó. Ese décimo, mi 32365, no valía. Correspondía al sorteo que se celebró en un colegio, con un premio a elegir entre una cámara de fotos y un premio metálico. Vaya cara se me ha quedado. Una vez superado el desengaño, me he decantado en un primer momento por el premio metálico; pero éste consistía en siete CDs piratas con los grandes éxitos de Metallica. Vaya cara tenían. El segundo premio, mucho más jugoso, era una añeja cámara de 2 megapíxeles.
Así que mi cámara y yo hemos salido a la búsqueda y captura de imágenes, no sin antes repartir una intensa y descontrolada lluvia de hostias a los responsables de mi desilusión. Vaya cara se les ha quedado. Antes de seguir, y como no veo ningún argumento lógico para incluir en el post una mamella (algo que está comenzando a ser habitual), adjunto la imagen sin razonamiento ninguno:
¿Qué cara se os queda?Ahora sí. Desde aquí les recomiendo a todos los afectados por mis puños de acero unas mascarillas faciales que mi cámara y yo hemos captado, y retamos a nuestra fiel audiencia a buscar un título adecuado para cada uno de estos bizarros tratamientos:



Un día Ramoncín se cruzó con un atracador, que quedó encandilado de su estilosa chaqueta:



